jueves, 19 de noviembre de 2009

Hoy me siento irlandés


Ayer se disputó la última jornada de clasificación para el Mundial de fútbol del año que viene que se disputará en Sudáfrica. Los primeros en jugar fueron Argelia y Egipto, y los primeros vencieron por uno a cero. Los siguientes en clasificarse fueron Grecia, Eslovenia, Portugal y Francia. Los galos pasaron ronda de la forma más injusta y bochornosa posible. Ya pasada la medianoche, Uruguay empató frente a Costa Rica y estará en la cita mundialista.

A las ocho y media de la tarde me conecté para seguir los partidos de Rusia, Portugal y Francia. De los tres partidos, elegí el de los lusos en Bosnia. Parecía, a priori, igualado y emocionante. También entré en la página Web de FIFA en español y me metí en el Matchcentre para seguir lo que no podía ver. Con algunos minutos de retrasó, empezó el encuentro en un campo abarrotado y en el que Bosnia debía apretar para conseguir el billete.

Sólo vi la primera parte. Los primeros 45 minutos aburrieron mucho. Pocas llegadas, juego interrumpido constantemente y carencia de fútbol por parte de ambas escuadras. Empate a cero en el descanso. Con el Carrusel Deportivo de la SER de fondo escuché que Irlanda marcó en el Stade France. Me quedé impresionado. Y sin dudarlo, cerré la ventana luso - bosnia para abrir otra con los chicos de Domenéch y Trapattoni en el césped frances.

A través del Matchcentre pude seguir algunas incidencias que sucedían en Saint Denis como la sustitución del central sevillista Squillaci sobre el minuto 10 de la primera parte. Por fin, pude contemplar la tensión en su máxima expresión. Me conecté en el 40 y me llamó la atención una grada llena de irlandeses. Terminó el primer acto y la eliminatoria igualada. En el descanso, a través de Sky Sports, repitieron la jugada llevada por banda izquierda en el minuto 32 y que finalizó con el tanto conseguido por Robbie Keane que ponía por delante a los visitantes.

La segunda parte demostró lo que son ambos equipos. Como le dijo Henry a su técnico Domenech en un entrenamiento, "No sabemos qué hacer; no tenemos ni estilo ni linea de juego. No sabemos cómo jugar". Francia jugó como le pareció. Ningun orden posicional en los galos. Por otra parte, los irlandeses intentaron aprovechar las pérdidas de balón para montar contragolpes y herir a los locales. Además, cuando tuvieron la posesión, tocaron bien el balón, con sentido. Irlanda fue mejor. Y tuvieron dos ocasiones clarísimas. En la primera, una contra que acabó con Duff delante del guardameta Lloris y el extremo disparó con su pierna menos buena, la diestra, y el arquero despejó a bocajarro. La segunda la tuvo Keane, que regateó a Hugo Lloris y que se quedó sin espacio. Si hubiera tenidos dos metros más, hoy hablaríamos problablemente de la debacle francesa.

Final. Cero a uno y a disputar 30 minutos de prórroga. Un tiempo extra que, por lo visto anteriormente, no debería haberse jugado por la superioridad de los de blanco y verde sobre los de azul oscuro y números blancos en las zamarras. Irlanda acusó el esfuerzo y las dos oportunidades las dispuso Francia. Dos de Anelka. La primera en un tiro que pasó cerca de la portería de Given. La segunda en un contraataque en que el delantero supero a Shay Given y se tiró a la piscina. Ni el árbitro ni su auxiliar de banda picaron.

Entonces, apareció Maquiavelo. O mejor dicho, su fantasma vestido de bleu. E ingenió la jugada más perversa. La que apuñaló de la forma más injusta y cobarde a los de las islas. Minuto 109. Una falta sacada desde el flanco derecho, la tocan en primera instancia dos futbolistas y parece que el esférico vaya a salir del terreno de juego. Pero no, en esas Henry lo controló con el brazo de forma descarada, lo bajó y centró para que Gallas marcara de cabeza el empate a uno. Los irlandeses, cuando vieron que daban el gol, se fueron a comerse al colegiado sueco Martin Hansson y a su asistente de la banda. No lo vieron. Las protestas sirvieron de casi nada. Ya con los visitantes agotados, colgaron algunos balones al área pero sin consecuencias. Tablas en el marcador y de fondo sonaba el I gotta feeling de The Black Eyed Peas.

La pobre imagen que ofrció el equipo francés quedó patente. Ayer iba con los irlandeses porque no me gusta nada el señor Raymond Domenech. Es el Javi Clemente a la francesa. Me parece un entrenador rancio, defensivo y conformista. Al igual que Carlos Queiroz, el seleccionador portugués. La pareja perfecta. Queiroz coloca de medio centro defensivo a Pepe, del R. Madrid. Raymond se dedica únicamente a poner once futbolistas en la hierba. No conozco otra labor. Ah sí, mirar el zodiaco para decidir qué jugadores llevar a las convocatorias.

Hoy me siento irlandés. Y no es por aquel boligrafo que me regaló mi tia hace dos veranos de su visita a Dublín y que sólo me duró un par de meses. Me pongo en la piel de los 25.000 que se desplazaron a París y la sensación de rabia e impotencia recorre aún por mis venas. Esto me conduce a una conclusión evidente: Que el fútbol, a veces, no entiende de justicias ni de injusticias. Sólo de goles en la red y de árbitros o auxiliares que los anulan. Por lo menos, se tomaron unas pintas (probablemente unas Guinness) en las calles dubinesas contentos a pesar del error humano del señor Hansson y su compatriota.

Fuente de la fotografía: http://www.marca.com/albumes/2009/11/18/fase_repesca/index.html y AFP.
Henry controla descaramente la pelota con el brazo. Imagen del primer canal de la televisión francesa.

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