
Se encuentra en la región de la Alta Normandía. Pertenece al departamento del Sena Marítimo. Su distrito es el de Ruán. En la ciudad viven menos de 25.000 habitantes. Su equipo de fútbol se ha hecho famoso en Francia la pasada semana. La noticia de su hazaña ha aparecido en las secciones de fútbol internacional, bien en las ediciones digitales o de papel de los diarios deportivos extranjeros. Se trata de Le Petit-Quevilly, del Quevilly, equipo de la cuarta división francesa.
El logro es grandísimo para tan pequeña ciudad. El pasado martes eliminó a todo un equipo de la primera división gala, el Rennes. Le impidió pasar a los cuartos de final de la Copa de Francia. El Rennes destaca por tener una de las mejores canteras de futbolistas de Europa. Allí se formo entre otros, Didier Drogba, actual delantero del Chelsea inglés. Pero volvamos a Quevilly, a su equipo aficionado que apartó de la competición copera a una escuadra grande.
Y he escrito bien. Aficionados. Ni amateurs, ni semi-profesionales ni profesionales con sueldo fijo. Juegan por el placer de jugar. Como los dioses en la antigua Grecia. Eran libres.
El gol del triunfo lo consiguió Beaugrard en el minuto 44 de la primera parte. E imagínense la explosión de alegría al final del partido. La foto que he subido recoge los momentos de locura. Parecía un sueño.
Los milagros son apariciones espontáneas de algún Dios, Virgen o Santo. Eso para el que cree. Para el que no, defiende el argumento de que a estos chicos les pasó por delante la suerte y la atraparon. Por 90 minutos de encuentro. Creo que después de esto, la archifamosa frase de "milagros, a Lourdes" habría de sustituirse. A partir de hoy podría ser "Milagros, a La Pequeña Quevilly" ¿Pequeña? Desde el día 9, estos aficionados pueden afirmar que mataron (futbolísticamente hablando) a un gigante de considerables dimensiones. Nadie podrá quitarles lo que el fútbol les otorgó por una noche.
Fotografía extraída de: AFP
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